Galería de Arte e Historia
Para Contemplar: Magdalena

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Lavinia Fontana. Noli me Tangere. 1581. Galería Uffizi, Florencia
No prolongues en vano esta agonía
Lejos de ti, Señor, me desespero
porque vives sin mí y estás ausente.
Una sombra me cruza por la frente,
helada como luz de duro acero.
No quiero así vivir, antes prefiero
que tú mismo me mates de repente
a este irme muriendo lentamente,
sin que sepas, amor, cuánto te quiero.
Si te acuerdas de mí, Señor, procura
no prolongar en vano esta agonía,
esta oscura prisión sin tu hermosura.
Vuelve otra vez, como antes, a mi vera.
¿Te acuerdas? Era al despertarse el día,
junto a aquel mar, los dos, en la ribera...
Ven, amor, a probar la santa cena
Ven, amor, a probar la santa cena,
a gustar la fragancia de un bocado;
tierno pan del panal de mi costado,
más dulce que el panal de una colmena.
Juro contigo amor a boca llena,
esposa de mi beso enamorado,
vivido.
cautiva de la miel que ha derramado
escarnecido
la rosa de mis labios, tu cadena.
Reposa en mi costado tu tristeza.
manos,
Repasa primaveras y veranos
hasta que el tiempo amaine en nuestra manos.
Esta es la vida eterna, que hoy empieza.
muerta.
Esta es la fe, el amor, la gran certeza:
reclinar en mi pecho tu cabeza.
Te amé vivos, muerto y resucitado
Yo te amo como nunca has sido amado.
Te quiero como nadie te ha querido.
Juro a Dios que me muera si te olvido.
Jamás mi amor por ti te ha abandonado.
Te quise dondequiera que has estado.
Te amé siempre: en los soles que has vivido.
Te amé ayer: muerto en cruz y escarnecido
Y te quiero hoy que estás resucitado.
¿Qué es el tiempo que fluye en nuestras manos,
y la muerte que cierra nuestra puerta?
El tiempo es un jirón de vientos vanos;
Ya no existe ni el tiempo ni la muerte
Para cesar de amarte y de quererte.
(Textos de Francisco Contreras Molina, El Señor resucitado y María Magdalena. 30 sonetos de amor y el evangelio de San Juan, PPC, Madrid, 2009)
Mª Leticia Sánchez Hernández