EFETA

Escuela Feminista de Teología de Andalucía

Galería de Arte e Historia

El Belén del Monasterio de las Agustinas Recoletas de Salamanca, conocidas como Agustinas de Monterrey

Mª Leticia Sánchez

 

El Monasterio de las agustinas recoletas de Salamanca fue fundado por Manuel de Zúñiga y Fonseca, VI conde de Monterrey, embajador en Roma entre 1629 y 1631, y virrey de Nápoles entre 1631 y 1637. Su prolongada estancia en Italia le impulsó a realizar una importante labor de mecenazgo artístico en su ciudad natal, decidiendo, entre otras cosas, la construcción del majestuoso convento de la actual calle Compañía, a partir de 1631. Considerado desde el siglo XVII como un museo de arte barroco, destaca de forma especial su magnífico belén.

En 1640 nacía en Madrid Inés de Zúñiga, hija natural y única del conde de Monterrey, que fue enviada con cuatro años al monasterio de las agustinas de Salamanca, donde más tarde profesaría, permaneciendo hasta su muerte en 1717. Además de ser la fundación de Don Manuel, el hecho de que su hija fuera monja en él, hizo que las donaciones y regalos fuesen constantes. Entre ellos, destaca el belén que Monterrey regaló a Inés compuesto por veinte figuras encargadas a Nápoles, para ubicarlas en la “Casita de Nazaret”. No se trata de un juguete o entretenimiento destinado a una niña, sino de un conjunto destinado a toda la comunidad para ambientar los distintos momentos del año litúrgico. Quiere decirse que el belén de Monterrey no está situado en un entorno agreste o paisajístico, como muchas composiciones, sino en un escenario casero, la casa de Nazaret, que permite contemplar la vida cotidiana de Jesús ambientada en una vivienda del siglo XVII.

Los grupos se componen por el misterio, los reyes, los pastores y los ángeles músicos. Las figuras llegaron de Nápoles hacia 1645: son articuladas –un maniquí de madera a los que se unen la cabeza, los brazos y las piernas- y vestidas con trajes de acuerdo al personaje que representan; resaltan las vestiduras de raso bordado con hilos de oro y plata de la Virgen, San José y los tres reyes. Los rostros femeninos son redondeados y suaves, mientras que los masculinos resultan angulosos y más enérgicos. Hay que tener presente, que Nápoles va a ser la ciudad que comience a despuntar en Europa como la máxima “hacedora” de figuras de belén destinadas a grandes escenografías, que en el siglo XVIII alcanzarán todo su esplendor. Monterrey conoció los talleres de los escultores napolitanos durante su estancia en Italia, y por eso no es de extrañar que en la urbe mediterránea adquiriera el regalo para su hija.

Las figuras se ubican en la “Casita de Nazaret”, una construcción charra del siglo XVII de fábrica hecha con ladrillos, madera, tejas y baldosas de terracota. Consta de sala de estar, taller de San José, cocina, dos jardines a derecha e izquierda y un torreón-galería. Ventanas con celosías, banquetas, cama, aperos de cocina y de carpintería, espejos, sillones de brazos, chimenea, o el taca-taca del niño, son los objetos que adornan este escenario cotidiano en el que Dios viene al mundo. Se trata de que las mujeres que van a contemplar diariamente esta “casita” sepan adecuar y articular en su vida el trabajo y la oración a imitación de la Sagrada Familia, y como bien recoge Inés de Zúñiga en su autobiografía, siguiendo las pautas dadas por Santa Teresa.

El conjunto se completa con el programa pictórico que decora paredes y techos. La sala de estar se adorna con símbolos de la letanía, como la estrella, el pozo, la torre, el espejo, el sol y la luna. Los frescos que ambientan el jardín tratan de crear una atmósfera adecuada para la contemplación y la reflexión. Finalmente, la casa tiene en el techo un gran lienzo, cuyo motivo central es Dios Padre bendiciendo con la bola del mundo, rodeado de ángeles músicos. Lo más probable es que fueran pintados por pintores locales cercanos al círculo de Ribera y Lanfranco, que fueron los encargados del programa decorativo de la iglesia.

Le agradezco mucho a Ángela Madruga Real los datos proporcionados de este belén. Ella hizo un estudio exhaustivo del monasterio de las agustinas de Monterrey en su tesis doctoral, publicada en 1983 en el Centro de Estudios Salmantinos. Asimismo ha impartido bastantes conferencias sobre el belén que ahora presentamos.