EFETA
Escuela Feminista de Teología de Andalucía
Galería de Arte e Historia
Una novela sobre Artemisia Gentileschi
Mª Leticia Sánchez
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Judit y Holofernes. |
Detalle de Judit y Holofernes. |
Detalle de Judit y Holofernes. |
Con motivo de la corta estancia en el Museo Thyssen de Madrid (cinco días de junio de 2009) del cuadro “Judit y Holofernes”, realizado por Artemisia Gentileschi, y conservado en la Galería de Capodimonte, Nápoles, se presentó la interesante biografía novelada de esta pintora. Tiene la virtud de reunir a cinco Mujeres: la protagonista, Artemisia; la escritora, Anna Banti; la traductora, Carmen Romero; la prologuista, Susan Sontag; y la editora, Diana Zaforteza. Anna Banti, esposa de Roberto Longhi, uno de los más reputados críticos de arte italianos, quiso demostrar que su marido no la eclipsaba y escribió Artemisia en 1944; la eurodiputada Carmen Romero, que también sabe lo que es un eclipse, aprendió italiano para poder traducir la obra de Banti al castellano; Susan Sontag escribió un sugerente prólogo antes de morir; y la editora Diana Zaforteza ha publicado el libro para explicar cuáles son los mimbres de Alfabia, su joven sello editorial.
Artemisia es, sin duda, la obra maestra de Anna Banti y una de las más grandes novelas de la literatura italiana del siglo XX. La obra narra la vida de Artemisia Gentileschi, gran pintora del Barroco italiano marcada por la violación que sufrió de joven y que, aun a costa de pagar un alto precio por ello, consiguió el reconocimiento profesional en una época en la que ser mujer y artista no era tarea sencilla. Banti propone un peculiar relato a dos voces, con elementos de novela histórica y de autobiografía. Artemisia es también una historia de redención y renacimiento, una historia sobre cómo de las cenizas de un texto destruido (la primera versión de Artemisia se perdió irremisiblemente en la Italia ocupada por los nazis) surge una nueva obra que superpone dos tragedias separadas en el tiempo, pero que intiman en el papel: la remota pintora italiana del siglo XVII condenada a una vida de amargura y soledad, y la escritora que en 1944 contempla su Florencia natal asolada por las llamas de los bombardeos alemanes. Es un diálogo entre dos mujeres, entre dos creadoras que intentan sobreponerse al dolor del recuerdo.
Cuando Anna Banti tenía casi terminada en 1944 una primera versión de esta novela, el manuscrito desapareció entre los escombros de su casa, arrasada por las bombas alemanas que destruyeron los puentes de Florencia. Por entonces la pintora no tenía el reconocimiento que disfruta hoy, aunque su importancia la estaba reivindicando ya Roberto Longhi, el historiador del arte y marido de Anna Banti, al que está dedicada la obra. Inevitablemente, al reconstruir la historia de Artemisia en esta novela que reescribió entre 1944 y 1947, Anna Banti proyecta en la artista del Barroco sus propias circunstancias y su personalidad, con lo que la pintora alcanza una nueva dimensión que es el resultado de la suma de dos vidas, la de la autora y la de su personaje; de dos tiempos, el pasado que se actualiza en el presente; y de dos modelos narrativos, la novela histórica y la autobiografía.
Artemisia Genstileschi nació en Roma en 1593, y fue hija del pintor Orazio Gentileschi. Ya desde pequeña se acercó a la pintura observando los cuadros de su padre, cuyo secreto deseo es que fuera monja. Su excesivo celo protector hizo que la mantuviera prácticamente encerrada en casa, permitiéndole el acceso al taller con la condición de que nadie le dirigiera la palabra. Los esfuerzos por proteger a Artemisia fueron inútiles, ya que fue violada por un discípulo suyo, Agostino Tassi. Según algunos autores, se trató de un engaño al que ella sucumbió ante una promesa de matrimonio que fue incumplida. Se interpuso una demanda y el proceso concluyó con una leve condena para Agostino Tassi.
Su padre concertó su matrimonio en 1612 con el pintor Florentino, Pietro Antonio di Vicenzo, con el objeto de alejarla del lugar de los hechos y devolverle la honra. El matrimonio se instaló en la Florencia de Cosme II de Médicis, donde Artemisia puede dedicarse completamente a la pintura, aprovechando la posición acomodada de su esposo, que en los primeros años le brindó su apoyo. Fue Pietro di Vicenzo el que le enseñó a leer y a escribir, privilegio que le había sido negado por su condición de mujer. Con el acceso a la lectura, estudió e imprimió su propia interpretación a lo los personajes históricos y bíblicos que protagonizaron los temas centrales de sus obras. Artemisia plasmó en sus obras figuras de heroínas históricas y legendarias, todas profundamente marcadas por la violencia de la vida y de la historia, heroínas siempre centro de una violencia individual que se relacionan con la biografía de la artista, así tenemos Santa Catalina (1614-15); Minerva (1615); María Magdalena (1617-20); Ester y Asuero (1622-23); o Bethsabé (1640).
Volvió a Roma hacia 1620, manteniendo una relación amistosa y profesional con el pintor francés Simon Vouet. Hacia 1631 se trasladó a Nápoles llamada por su padre, donde frecuentó el grupo de pintores caravaggistas: desde allí realizó un viaje a la Corte de Carlos I de Inglaterra, en 1638, regresando a Nápoles tres años después. En la ciudad mediterránea residió hasta su muerte en 1652.
El estudio de su obra se ha visto muy influenciado por los acontecimientos de su vida, sobre todo por el episodio de Agostino Tassi. Algunos autores la definen como una joven lasciva que aprovechaba sus encantos para obtener el éxito en una profesión preferentemente masculina, en cambio otros la han considerado una víctima en busca de venganza. En sus famosos lienzos de Judit se han querido ver detalles de su trauma personal. Judit decapitando a Holofernes, del Museo di Capodimonte de Nápoles (1612-13), que encabeza estas líneas; Judit decapitando a Holofernes, de la Galleria degli Uffizi de Florencia (1620); Judit y su sirvienta con la cabeza de Holofernes (1625), del Institute of Art de Detroit; Judit y su Sirvienta (1613) del Palacio Pitti de Florencia.
La influencia de Caravaggio se aprecia en la monumentalidad de sus figuras, el naturalismo, el uso del claroscuro y el sentido dramático de la escena mientras que un uso del color más rico y variado y el virtuosismo en la pintura de telas y materiales remite más a su padre y al ambiente florentino.
A propósito de este libro he querido adelantar brevemente la exposición detallada y detenida que dedicaremos a esta importante pintora, que nos ha legado una singular interpretación de algunas mujeres bíblicas.