EFETA

Escuela Feminista de Teología de Andalucía

Galería de Arte e Historia

Natividad 2008

Mª Leticia Sánchez Hernández

   

El Monasterio de las Descalzas Reales, de Madrid, nos invita a contemplar una preciosa Natividad que, durante un mes largo, abandona su lugar habitual -un espacio privilegiado ubicado entre la Capilla de la Dormición de la Virgen y la Casita de Nazaret- para ocupar un hueco en el lateral derecho de la nave de la iglesia.

El Misterio se compone de la Virgen, San José y el Niño, realizado en madera tallada y policromada, y papel encolado. Durante muchos años estuvo integrado en el nacimiento napolitano de la Capilla de San Miguel, sin embargo la restauración realizada en el citado conjunto produjo la separación de este grupo, que pertenece a un estilo y una cronología diferentes. Las tres imágenes están talladas en madera, sin embargo los ropajes de la Virgen y de José están hechos con una pasta de papel muy ligera y fácil de modelar. La autoría del grupo está aún por determinar, y aunque tradicionalmente se sigue hablando de Luisa Roldán, "la roldada", como artista de las figuras, no existe documentación que respalde esta hipótesis. Sin embargo, sí es posible afirmar que estamos ante un taller andaluz, probablemente sevillano, de finales del siglo XVII, en los que había mujeres, aunque en la mayoría de los casos desconozcamos sus identidades.

Aparte de la indiscutible calidad artística, el grupo destaca por su sencillez y su naturalidad. Desde el siglo XV, va a ser muy frecuente encontrar las representaciones navideñas con un modelo muy similar: Niño sobre pajas, Virgen arrodillada en señal de adoración, y José con una vara, en pie, viejo, y algo retirado de la escena. En este caso, el Niño tiene las trazas de un bebé -un Niño especial, pero a fin de cuentas recién nacido-, la Virgen está semi-inclinada (no es la postura hierática arrodillada), con un gesto entre asombrado, preocupado y feliz: su ademán discurre entre la contemplación y el impulso de coger a su hijo en brazos. José está sentado sobre una columna -lejanamente esto nos recuerda que el/la artesano/a de este grupo tuvo contactos con los belenistas napolitanos- apoyado sobre la vara (esto me recuerda a muchos hombres de pueblo que repiten este gesto), cercano a su mujer y su hijo, y con un gesto relajado y atento a los que ellos puedan necesitar: se aparta de esa postura habitual retirada y ausente, que hace que el asunto no vaya con él. Es una escena tan dulce -lejos de edulcoraciones ñoñitas-, tan cercana -es un matrimonio muy real-, y tan honda -me decía una amiga cuando tuvo a su hija, que habían entrado al paritorio dos y habían salido tres, y esto le producía una profunda conmoción y admiración- que nos recuerda, una vez más, que Dios viene a nuestras vidas en el marco de lo más cotidiano.

Este año, por ser el 800 aniversario de la fundación franciscana, la comunidad ha colocado a modo de pastores tres tallas de niño de madera tallada y policromada del siglo XVII, vestidos con la túnica franciscana, y una talla de San Francisco de Asís (a él debemos la tradición del belén). A través de estas figuras, no sólo los franciscanos y clarisas de todos los tiempos, sino todos los hombres y mujeres que aman y se identifican con las enseñanzas de Francisco, quedan integrados en la contemplación de la venida del Salvador.