Galería de Arte e Historia

Lecturas para el verano

Mª Leticia Sánchez Hernández

Para las ya cercanas vacaciones -aparte de las novelas policíacas y de evasión, imprescindibles en este tiempo- se me ocurre recomendaros tres libros, muy diferentes entre sí, pero que pueden ayudar a seguir manteniendo el hilo conductor de los temas que traemos entre manos.

El primero es Jesús en el Museo del Prado (PPC 2009) escrito por Alicia Pérez Tripiana y Mª Ángeles Sobrino López. A lo largo de treinta cuadros, las autoras acercan al lector/a otra forma de hacer cristología (por cierto con un gran futuro, para este tema y para todo el abanico teológico, porque las imágenes son siempre sugerentes e imprevisibles, y esto implica que el lector/a puede sacar sus conclusiones y plantear sus objeciones, más allá del análisis que se le brinda). El método aúna el texto bíblico con claves de lectura, técnica artística, análisis formal de la obra, tema representado con la intencionalidad del autor, iconografía y ambiente cultural y religiosos del pintor. Las imágenes se representan tres veces: la primera totalmente exenta con el título de la obra y el pintor, la segunda con indicaciones pertinentes sobre la composición, el estilo y la policromía, y la tercera con las anotaciones sobre la forma de concebir el tema representado. Las obras elegidas son las siguientes: La Anunciación de Fra Angelico [1]; La Visitación de Rafael Sanzio de Urbino [2]; El Nacimiento de Hans Memling [3]; La Adoración de los Pastores de Juan Bautista Maíno; La Adoración de los Reyes de Pedro Pablo Rubens; La Presentación del Niño Jesús de Luis de Morales, "el divino" [4]; El Descanso en la huida a Egipto de Joachim Patinir [5]; La Sagrada Familia de pajarito de Bartolomé Esteban Murillo; La disputa de Jesús contra los doctores en el templo de Paolo Callari, "el veronés"; El Bautismo de Jesús de Doménicos Tehocopuli "el Greco"; La Transfiguración del Señor de Giovan Francesco Penni; Jesús y el centurión de "el veronés"; La Resurrección de Lázaro de Juan de Flandes [6]; La Expulsión de los mercaderes del templo de Francesco Bassano "el joven"; El Lavatorio de Japoco Robusti "el Tintoretto"; La Última Cena de Juan de Juanes; La Oración en el huerto de Tiziano; El Prendimiento de Cristo de Francisco de Goya; La Coronación de espinas de Antonn van Dyck; Cristo presentado al pueblo de Quintin Metsys; La Caída camino del Calvario o "El Pasmo de Sicilia" de Rafael; Cristo crucificado de Diego Rodríguez de Silva Velázquez; El Descendimiento de la cruz de Roger van der Weyden [7]; La Piedad o la Quinta Angustia de Fernando Gallego [8]; El Entierro de Cristo de Tiziano [9]; Descenso de Cristo al limbo de Sebastiano del Piombo; La Resurrección del El Greco; Noli me tangere de Correggio [10]; La Incredulidad de Santo Tomás de Mathias Stom; y Pantocrátor, anónimo. He elegido diez obras para que penséis cómo aparecen las mujeres en estas escenas: La Virgen, la profetisa Ana, Marta, las santas mujeres, y María Magdalena. Espero que esto sea un aperitivo para ir contemplando y reflexionando en el resto de las cinco mil obras que conserva el Museo del Prado.

El segundo es un libro muy duro. Se trata de Ravensbrück, el infierno de las mujeres, escrito por Montse Armengou y Ricard Belis (Belacqua 2008). Está basado en el documental homónimo sobre el único campo de exterminio de la Alemania nazi, exclusivo para mujeres y niños. El libro se compone de 13 testimonios nacidos de otras tantas entrevistas con mujeres que sobrevivieron a este lugar. Judías, delincuentes comunes, y prisioneras políticas desgranan en ellas su amargo cautiverio. La fúnebre traducción de la palabra alemana "Ravensbrück" es ‘El puente de los cuervos’ y está ubicado en el noroeste de Alemania, a unos 80 kilómetros de Berlín. El campo muestra a la entrada el célebre monumento a las víctimas, una escultura -Tragende, "las que llevan", de Willy Lammert- que representa a una presa portando a otra en brazos y adentrándose en el lago [14].

El campo se estableció en otoño de 1938 y fue liberado el 30 de abril de 1945 por el Ejército soviético. Más de 132.000 mujeres y niños fueron a parar al campo, situado unos 80 kilómetros al norte de Berlín, y se calcula que de ellos murieron 92.000. En el lugar se desarrollaron inenarrables experimentos con un grupo de prisioneras polacas, las denominadas kaninchen, conejos, a las que el sádico médico Kart Gebhardt inoculó bacilos de gangrena para estudiar el proceso de infección. Ravensbrück disponía de crematorio y en noviembre de 1944 los nazis lo dotaron de cámara de gas, elevándolo a la terrible categoría de campo de exterminio. Durante los últimos meses de la guerra, las SS se entregaron a una matanza sistemática para eliminar testigos. A finales del otoño de 1938 fue cuando Himmler decidió establecer un campo para mujeres en Ravensbrück, debido a su situación apartada, y a su accesibilidad, ya que había comunicación entre Furstenberg y Ravensbrück, y había luego tren directo desde Furstenberg hasta Berlín. Este campo fue construido cerca del lago Schwedt, muy pintoresco, pero que contiene las cenizas de muchas de las mujeres muertas e incineradas ahí. A finales de 1938, 500 presos fueron transferidos de Sachsenhausen a Ravensbrück para construir el nuevo campo. Construyeron 14 cuarteles, una cocina, una enfermería, así como un campo pequeño para hombres, que fue aislado totalmente del campo de mujeres. La estructura organizativa y jerárquica de este campo era muy similar al de otros campos, junto con 150 supervisoras femeninas (SS-Aufseherinnen), el comandante del campo, entre el 15 de Mayo de 1939 y 1942, fue Max Kögel, el cual posteriormente fue sustituido por Fritz Suhren hasta abril de 1945. Las supervisoras femeninas eran voluntarias o las mujeres de los SS que habían aceptado el trabajo por las condiciones salariales y por el tipo (mejor que los trabajos en fábricas). Entre 1942 y 1943 Ravensbruck fue una base de entrenamiento para las supervisoras femeninas de la SS. Aproximadamente 3.500 mujeres se entrenaron en el campo y sirvieron en el mismo Ravensbrück y en otros campos de concentración. Las primeras presas llegaron a Ravensbruck el 15 de mayo de 1939, 310 mujeres, la mayoría de las cuales habían sido evacuadas del campo de concentración en Lichtenburg [15].

Lo que se vivió en Ravensbrück hizo del campo un auténtico infierno: humillaciones, deshumanización, hambre, espantosos experimentos médicos. Las mujeres eran agrupadas y clasificadas según su "delito": políticas, lesbianas, delincuentes comunes, gitanas, judías, testigos de Jehová, republicanas españolas, madres solteras. La industria alemana -como la Siemens- las explotó hasta la muerte, obligándolas a trabajar sin descanso. Organizaron a los presos en categorías, cada uno con un triángulo coloreado distintivo, así como por nacionalidad. Los presos políticos llevaron triángulos rojos; los testigos de Jehová triángulos púrpuras; los "asociales" (lesbianas, prostitutas, y gitanas) triángulos negros; y los criminales triángulos verdes. Las mujeres judías llevaron triángulos amarillos, pero si eran también presas políticas, un triángulo rojo y el triángulo amarillo formando una estrella de David, o una raya amarilla encima del triángulo rojo. Una letra dentro del triángulo identificaba la nacionalidad del preso. El 29 de mayo de 1939, llegaron al campo 400 mujeres gitanas procedentes de Austria. El 23 de septiembre de 1939, las primeras mujeres de Polonia fueron internadas en el campo, eran activistas de las asociaciones culturales y sociales. En abril de 1940 hubo transportes masivos de mujeres polacas provenientes de Kielce, Radom, Varsovia, Cracovia y otras muchas mas. En abril de 1942 había 7.500 prisioneras en el campo. Desde agosto de 1944 hasta la derrota de la insurrección de Varsovia aproximadamente 12.000 mujeres fueron transportadas a Ravensbrück. También hubo transportes de mujeres provenientes de Auschwitz en septiembre y octubre de 1944. Se estima que durante todo el periodo del funcionamiento del campo, desde la fecha oficial de su inicio hasta la liberación por el Ejército Rojo el 30 de abril de 1945, unas 40.000 mujeres polacas fueron internadas en Ravensbrück. Al comenzar la guerra, la población del campo llegó a ser más internacional, y pronto había presos de 20 países europeos. Las condiciones de vida eran tan vergonzosas y difíciles como en el resto de campos de concentración, diariamente morían mujeres por la falta de alimentos, palizas, tortura, ahorcamientos y fusilamientos. Las mujeres que estaban demasiado débiles para trabajar fueron transferidas al Uckermark "campo de juventud" de Ravensbruck para ser gaseadas. Otras fueron matadas por inyecciones mortales o utilizadas para los experimentos "médicos" de los doctores de los SS. Cuando se castigaba a las prisioneras, estas debían tirar del "Rodillo del Suplicio" (el cual consistía en una enorme piedra de varias toneladas en forma de rueda con un eje del que sobresalían unas varas de las que tirar) hasta el agotamiento total. El campo se tuvo que ampliar 4 veces durante la guerra. A finales de 1941, había 12.000 presos. En 1942, varios convoyes de mujeres rusas fueron transferidos al campo. Al mismo tiempo, un número indeterminado de mujeres españolas, exiliadas republicanas que eran parte de la resistencia, y que habían sido apresadas, fueron enviadas ahí desde Francia y Bélgica. El número fue indeterminado debido a que eran apátridas, se les había quitado la nacionalidad española por el régimen de Franco y muchas de ellas aparecían como apátridas y otras como francesas o belgas [16].

Ravensbrück, con sus calles negras, sus barracas verdinegras, sus techos negros, su cielo de plomo, sus innumerables cuervos atraídos por el olor a carne quemada y a cadaverina de aquellas supliciadas que sin tregua, día y noche, salían con humareda escalofriante y a llamaradas de mil colores por la chimenea de los cuatro hornos crematorios. A comienzos del verano de 1942, los médicos de la SS sometieron a muchas presas de Ravensbrück a diferentes experimentos médicos [17]. Los SS seleccionaron a unas 80 mujeres, mayoritariamente polacas, para esos experimentos, en los que muchas murieron y otras sufrieron daños físicos permanentes. También se llevaron a cabo experimentos de esterilización en mujeres y niños (principalmente gitanos), en un intento de desarrollar un método eficiente de esterilización. El comandante de los SS del campo Suhren y los doctores SS Schwarzhuber y Pflaum seleccionaron a mujeres enfermas o demasiado débiles para el "transporte a Mittweida". Las mujeres tuvieron que levantarse las faldas y posar delante de los protectores y de los doctores. Seleccionaron a las mujeres con los pies hinchados, lesiones, o cicatrices o simplemente demasiado enfermas o débiles para ir a recuperarse a Uckermark. El período de la "recuperación" consistió en el encarcelamiento en cuarteles sellados sin asistencia médica y alimentos hasta su muerte. Pero la mayoría de las mujeres seleccionadas nunca llegaron en el Uckermark "campo de juventud". Fueron gaseadas en furgonetas especiales transformadas en cámaras móviles de gas. Debido al avance rápido del ejército ruso, los SS decidieron exterminar a tantos presos como pudieron, para evitar cualquier testimonio sobre lo que sucedió en el campo. En marzo de 1945, 130 bebés y las mujeres embarazadas fueron gaseados. Condenaron a los niños y a los bebés a la muerte antes de que nacieran. Separaban de su madre a los niños y ahogaban a los bebés recién nacidos. La mayoría de las veces se hacía delante de la madre. Se utilizaron a varios niños también para experimentos "médicos". La exposición directa de órganos genitales a las radiografías esterilizó a centenares de niñas. Los niños más fuertes podían sobrevivir. Esos niños tuvieron que trabajar día y noche con las mujeres en el taller, ayudándolas con el trabajo más pesado. Muy pocos de estos niños sobrevivieron a la guerra [18].

El tercero es La historia de las mujeres filósofas (Herder 2009), escrito por Gilles Ménage en 1690. El prólogo de Rosa Rius Gatell comienza recogiendo una cita de Umberto Eco, a propósito de la lectura que el lingüista hizo de la obra de Ménage: "¿Una historia de las filósofas escrita en el siglo XVII? ¿Dónde se han conservado sus nombres, sus obras o fragmentos de su pensamiento?, ninguna de las enciclopedias consultadas ha conservado el nombre de ninguna, excepto de Hypatia, quizá se deba a que, no es que no hayan existido mujeres que filosofaran. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, tal vez después de haberse apropiado de sus ideas". La obra no es tanto una exposición de las ideas filosóficas de las autoras, como una especie de diccionario en el que se recogen 65 mujeres con su adscripción filosófica y las fuentes en las que aparecen mencionadas. Ménage fue un hombre cuya vida estuvo marcada por mujeres notables, como por ejemplo, Madame de Sévigny y Madame de la Fayette, que eran lectoras y escritoras notables. Asimismo, hay que señalar la importancia que tuvo la tertulia del Salón de Rambouillet, donde Ménage departió con ilustres damas parisinas. En homenaje a todas estas amigas escribió su historia de las mujeres filósofas. Por cierto, tan insigne autor como Molière, ridiculizó a Menage y a las mujeres de los salones literarios franceses en su obra, "Las mujeres Sabias".

FILOSOFAS DE ESCUELA INCIERTA
Hipo, Aristoclea, Cleobulina, Aspasia [11], Diotima, Berenice, Pánfila, Clea, Eurídice, Julia, Domna, Miro, Sosipatra, Antusa, Aganice [12], Eudocia (Atenaida), Santa Catalina, Ana Comnena, Eudocia (esposa de Constantino Paleólogo) Panipersebasta, Novella, Eloísa.
PLATÓNICAS
Lastenia, Axiotea, Arria, Gemina (madre), Gemina (hija), Anfilia, Hipatia [13]
ACADÉMICAS
Cerellia
DIALÉCTICAS
Argia, Teognida, Artemisia, Pantaclea
CIRENAICAS
Arete
MEGÁRICAS
Nicarete
CÍNICAS
Hiparquia
PERIPATÉTICAS
La hija de Olimpiodoro, Teodora
EPICÚREAS
Temista, Leoncio, Teófila
ESTOICAS
Porcia, Arria (madre), Arria (hija), Fama, Teófila (véase en epicúreas)
PITAGÓRICAS
Temistoclea, Teano (esposa de Pitágoras), Mía, Arignota, Damo, Sara, Timica, Filtis, Ocelo, Ecelo, Quilónide, Teano (esposa de Brontino), Mía (véase más arriba), Lastenia (véase en platónicas), Habrotelia, Equecratia, Tirsenis, Pisírrode, Nesteadusa, Boio, Babelita, Cleecma, Fintis, Perictione, Melisa, Ródope, Ptolemaide.

EFETA es la traducción griega del término arameo que significa ábrete, εφφαθα.

Es la palabra eficaz que el evangelio de Marcos pone en labios de Jesús al curar al sordo y tartamudo (Mc 7,34), y responde a las iniciales del proyecto ESCUELA FEMINISTA DE TEOLOGIA DE ANDALUCIA.

EFETA es, así, un lugar de apertura al conocimiento teológico que, siendo inclusivo, se orienta particularmente a las mujeres, en una perspectiva crítica feminista.

El proyecto EFETA se concreta en la asociación del mismo nombre en la que se inserta la Escuela como su objetivo primario, y de cuyo espíritu se alimenta todo lo que ella genera y lo que de ella parte.

Asociación y Escuela forman un espacio de REFLEXION, ESTUDIO Y DEBATE permanente.

EFETA • Apartado de Correos 19021 41018 Sevilla (España) • 678 599 485 • secretaria@efeta.org