Galería de Arte e Historia

Semblanzas

Yolanda Bedregal. La Paz (Bolivia): 1916-1999

Poeta, novelista, cuentista y escultora boliviana que se consagró como una de las figuras más destacadas del postmodernismo hispanoamericano, movimiento literario en el que se sitúa su obra de madurez.

Fue hija de J. F. Bedregal, uno de los grandes representantes del modernismo en Bolivia. Publicó su primer poemario (Naufragio) con apenas veinte años de edad. Cursó estudios de arte en la Academia de Bellas Artes de La Paz, a la que regresaría como docente al cabo de unos años, para impartir clases de escultura e historia del arte. Poco después obtuvo una beca de estudios en el Barnard College de la Universidad de Columbia (Nueva York), al que se incorporó en 1936.

A su regreso a Bolivia ejerció la docencia en la Academia de Bellas Artes y en la Universidad Mayor de San Andrés, impartiendo clases de estética. Su pronta actividad literaria no tardó en valerle un merecido reconocimiento y una gran popularidad en su país. Su labor como escritora y su actividad diplomática hizo que en 1948 la juventud intelectual del país, representada por el grupo nacional "Gesta Bárbara", le otorgaran el apodo de "Yolanda de Bolivia". Asimismo, fue llamada "Yolanda de América" por la Sociedad Argentina de Escritores.

La autora realizó una incansable labor de difusión de la literatura desde múltiples instituciones de las cuales fue fundadora y presidenta; tales como la Unión Nacional de Poetas y Escritores y el Comité de Literatura Infantil. Fue Vocal del Concejo Nacional de Cultura y del Concejo Municipal de Cultura dependiente de la Alcaldía de La Paz.

Su obra lírica puede dividirse en tres etapas. En la primera, cuyo mejor exponente es Naufragio (1936), predominan los versos explícitos y objetivos, que exploran algunos sentimientos comunes al ser humano por medio de un lenguaje claro y preciso. En una segunda fase se dejó seducir por cierto simbolismo, como queda patente en Poemar (1937) y Ecos (1940), este último escrito en colaboración con su esposo Gert Conítzer, otro excelente poeta de origen alemán, que tradujo a esta lengua todos los versos de su mujer. Finalmente, entró en una fase que podría clasificarse de "religiosa", que se manifestó en la presencia en sus versos de una especie de destino oscuro al que parecen obedecer todos los hechos del mundo. Dentro de la extensión infinita de este destino incierto, la soledad aparece como un fenómeno inherente a la condición humana. El poemario Nadir (1950), una de sus obras maestras, se sitúa en esta etapa.

Además, fue una minuciosa compiladora de varios de sus contemporáneos con la Antología de la poesía boliviana (1977), que le sirvió de material durante largo tiempo para ejercer de conferenciante por América y Europa, labor que compaginó con su destacada carrera diplomática.

No fue hasta 1971 cuando abordó la narrativa con su novela Bajo el oscuro sol. De carácter neorrealista, este excelente relato se ubica en La Paz, sacudida por movilizaciones sociales. En medio de las revueltas callejeras, una bala perdida acaba con la vida de la protagonista, Verónica Loreto, cuya singular peripecia es reconstruida por el doctor Gabriño.

Otras publicaciones suyas incluyen más de cincuenta artículos de historia del arte para niños, artículos de pedagogía, de religión, mitos, folklore, y arte aymara y quechua. Muchos de sus cuentos y poemas han sido traducidos a varios idiomas e incluidos en revistas y antologías de los Estados Unidos y Europa.

Bedregal recibió varios premios por su obra; puede citarse: Premio Nacional de Poesía, Premio Nacional del Ministerio de Cultura, Premio Nacional de la Novela "Erich Guttentag" por su novela Bajo el oscuro sol, Gran Orden de la Educación Boliviana, Honor Cívico Pedro Domingo Murillo, Honor al Mérito, Escudo de Armas de la Ciudad de La Paz por Servicios Distinguidos y Medalla a la Cultura de la Fundación Manuel Vicente Ballivián. En 1993 fue postulada por Bolivia al premio de Poesía Reina Sofía; en ese mismo año El Consejo Nacional de Derechos de la Mujer de México le otorgó la presea Dama de América. En 1995 recibió la condecoración Franz Tamayo en el grado de Gran Cruz otorgada por la Prefectura del departamento de La Paz. En 1996 el gobierno de Chile la honró con la Medalla Gabriela Mistral. En 1997 el Congreso de Bolivia le impuso la Condecoración Parlamentaria Nacional en el grado de Bandera de Oro.

Fue miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua correspondiente de la Real Española y pertenece a Academias de otros países. También fundó, dirigió o formó parte de numerosos institutos binacionales para el acercamiento y comprensión entre los pueblos.

Entresacamos algunos textos sobre su visión de la vida en una entrevista realizada por su hijo Juan en 1994.

“Para mí la literatura era la vida misma, como jugar, comer, dormir... En mi casa se hablaba de libros, de giros idiomáticos, de gramática con amor, estos temas fueron creciendo con nosotros, los hijos, en la cabeza y el corazón. Este ambiente familiar--lo noto ahora--fue determinante. Tengo que decirle que a la familia pertenecían muchos "tíos", los amigos de mi padre, escritores e intelectuales de una época de oro de la cultura en Bolivia. Los tíos Alcides, Greco (Gregorio), Juan, Armando, no eran otros que Arguedas, Reynolds, Capriles, Chirveches... No puede, pues, decirse que empecé a interesarme por la literatura como algo que estuviera fuera de mí, sino que era parte de la vida cotidiana”.

“Mis primeros escritos, curiosamente, no estaban en papel, me inventaba versitos cuando aún no sabía escribir. Después, con los años, fui anotando vivencias de personas, cosas, lugares, emociones, penas y alegrías y así nació Naufragio que un día de cumpleaños puse bajo la almohada de mi padre y que el lo mandó a Nueva York ya publicado cuando yo estudiaba allí. Fue una de las grandes emociones de mi vida”.

“No solamente que éramos seis hermanos; vivían también con nosotros seis primos huérfanos que mis padres acogieron en la casa, una abuela paralítica, un tío solterón y varias "mamas", indias que cuidaban de nosotros. Todos ellos fueron decisivos en mi vida, más que en el aspecto artístico, en el humano. Si algo debe aprenderse en la niñez, es a compartir, a aceptar las diferencias, a ser tolerante y vivir en paz y armonía. Mis hermanos también tenían inclinaciones al arte y la literatura, creo que fueron buenos poetas, Alvaro ante todo, aunque no publicaron mucho. Yo fui la privilegiada y tuve el apoyo de Gert, mi esposo. Así pude satisfacer esa necesidad de expresarme escribiendo porque siempre fui poco habladora”.

“No solamente influye lo que uno lee sino también lo que uno vive. Creo que se asimila todo en forma casi desordenada e inconsciente y luego, es el espíritu el que va elaborando todo lo que se capta, se sabe, se siente. Cuando los "datos" se han olvidado, se han "digerido", por así decirlo, surge la creación en la que imperceptiblemente están presentes todas las influencias del mundo tanto natural como de la cultura. Los autores clásicos, que no pierden su vigencia, dejan siempre profunda huella; quizá porque no muestran al hombre intemporal, al de hoy y al de siempre. Doy gracias a Dios por leer. No puedo imaginarme la vida sin libros. Me sucede, curiosamente, que ahora prefiero releer libros que ya conozco; es como un encuentro con viejos amigos con los que seguí el bello camino de la vida”.

“Como cualquier mujer tenía de joven muchas ocupaciones de rutina que no pueden esperar, tareas que nadie nota cuando están bien hechas y todos reclaman cuando faltan; la única hora en que podía escribir tranquila era tarde en la noche y lo hacía--como lo sigo haciendo--en cualquier papel, en el revés de las envolturas de cigarrillos, siempre a mano y con varias correcciones. Mi marido madrugaba, botaba las colillas de cigarrillos, juntaba los papeluchos, los descifraba y copiaba todo lo que yo había escrito la noche anterior. Creo que sin su ayuda, su apoyo y su admiración, no habría publicado cuanto publiqué. Además tradujo al alemán toda mi obra y fue un crítico exigente y cuidadoso”.

“Humildemente tengo que decir que no me arrepiento de lo que he escrito ni de lo publicado. Los libros son como los hijos, fruto del amor y uno no se avergüenza de ellos, además son testimonio de momentos de la vida y, si se ha vivido auténticamente, respondiendo al llamado de una vocación, son también productos auténticos que pueden gustar o no; pero eso ya tiene que ver con el lector y no con el autor. Además, creo que he escrito casi con oficio, me explico: la inspiración es necesaria pero no suficiente; hay que trabajar lo que uno escribe, y yo lo hice casi obsesivamente, tratando de reducir lo escrito al menor número de palabras. Como decía mi hijo Juan-Gert: “Ya no corrijas, mamá, vas a dejar el cuento en dos líneas”.

“En general se escoge un género porque se cree que es el mejor ropaje para expresar algo; de hecho sería difícil encerrar la trama de una novela en un poema; en cambio una sensación, un sentimiento, una protesta se redondean más fácilmente en un poema. Es cierto que algunos conflictos pueden tener cabida en un ensayo, una novela, un cuento o un poema. A veces son circunstancias que obligan al escritor a elegir uno u otro genero. La poesía es algo que tiene que ver con esencias, yo siempre he querido buscar la quinta esencia de las cosas, economizar palabras y creo que soy ante todo poeta”.

“A veces se escribe por dar testimonio y otras para borrar las cicatrices. Sin embargo, esta literatura neorealista es una historia de los eventos--como usted menciona--desde mi YO, no una historia con pretensiones de ser objetiva. Vivir en Bolivia es un reto cotidiano. El escritor es, en cierto modo, un médium y tan pronto lo sobrecoge el paisaje como la realidad social, los conflictos, la pobreza, y desde luego el acontecer político que, como usted sabe, ha tenido y tiene connotaciones insólitas. En la historia de mi país, la realidad superó muchas veces la fantasía y la capacidad imaginativa. Creo que en la mayor parte de las novelas bolivianas esta realidad histórica está presente y no tendría yo por qué ser la excepción”.

“Resulta siempre muy revelador lo que dicen los críticos. El escritor aprende mucho no sólo de su obra, sino también de su propia vida […] Las etapas de una obra corresponden a las etapas de la vida. Muy difícilmente una chica de dieciséis escribiría un poema casi metafísico como llamó Nicolás Fernández Naranjo a mi poema "La danza"; el ir descubriendo el mundo en la confrontación con realidades sociales, la muerte de un ser querido o la espera de la trascendencia. Todo tiene su tiempo, dice el Eclesiastés. Así es. Hay tiempo de sembrar y tiempo de cosechar, tiempo de goce y tiempo de duelo, tiempo de amar y de alejarse del amado. La poesía no es algo construido, no es ingeniería, es Vida”.

“En este momento de mi vida, tengo que decir, como Violeta Parra, "Gracias a la Vida". Tengo mucho por qué agradecer a Dios y a la vida, y si por algo doy gracias es porque no conozco la vanidad. Agradezco de corazón y me alegran las opiniones favorables de colegas, críticos y amigos. Sin embargo, he escrito lo mejor que he podido--cierto--no buscando que se alabe mi obra, o que guste a la crítica, sino tratando de ser yo misma. No me entienda mal, estoy agradecida a los que creen en mí como escritora, pero más aún, a los que me quieren y saben que contrario al refrán "piensa mal y acertarás", yo he preferido pensar y obrar bien y equivocarme. Le hago esta confesión con la serena humildad que me permiten mis años”.

“Tengo mucho inédito; precisamente de esto vengo ocupándome en este último tiempo; estoy revisando maletas de papeles que tengo y que quisiera dejar por lo menos en orden. Está listo El libro de Juanito que quiero mucho. En realidad es literatura infantil-juvenil; Juanito va creciendo y, con ojos y alma de niño, relata lo que vive en una familia variopinta que le da que pensar, soñar y preguntarse. Hubiera querido publicar una novela escrita a lo largo de muchos años y que se llama La casa y sus entrañas. Es difícil hablar del futuro. Lo dirá Dios...”

Obras

Novela

Bajo el oscuro sol. La Paz: Editorial Los Amigos del Libro, 1971. (Premio Nacional de Novela "Erich Guttentag").

Antologías de cuentos

Naufragio. 2da ed. La Paz: Librería Editorial Juventud, 1977.
Escrito. Quito: Printer Graphic, 1994. (Poesía y cuento).

Poesía

Nadir. La Paz: Empresa Editora "Universo", 1950.
Del mar y la ceniza. Alegatos. Antología. La Paz: Biblioteca Paceña, 1957.
Antología mínima. La Paz: Editorial El Siglo, 1968.
Almadía. 2da ed. La Paz: Librería Editorial Juventud, 1977.
Ecos. 2da ed. La Paz: Librería Editorial Juventud, 1977.
Poemar. 2da. ed. La Paz: Librería Editorial Juventud, 1977.
El cántaro del angelito. La Paz: s. e., 1979. (Poesía juvenil).
Convocatorias. Ecuador: Artes Gráficas Señal Impreseñal, 1994.
Escrito. Quito: Printer Graphic, 1994. (Poesía y cuento).

Cuentos

"Peregrina". Cuentistas paceños. Ed. Raúl Botelho Gosálvez. La Paz: Ediciones Casa de la Cultura, 1988. 175-180.
"De como Milinco huyó de la escuela". Antología del cuento boliviano. Ed. Armando Soriano Badani. La Paz: Editorial Los Amigos del Libro, 1991. 119-122.

(Pinchar en la galería de Efeta, “Para Contemplar”, La Pachamama)

Mª Leticia Sánchez Hernández

EFETA es la traducción griega del término arameo que significa ábrete, εφφαθα.

Es la palabra eficaz que el evangelio de Marcos pone en labios de Jesús al curar al sordo y tartamudo (Mc 7,34), y responde a las iniciales del proyecto ESCUELA FEMINISTA DE TEOLOGIA DE ANDALUCIA.

EFETA es, así, un lugar de apertura al conocimiento teológico que, siendo inclusivo, se orienta particularmente a las mujeres, en una perspectiva crítica feminista.

El proyecto EFETA se concreta en la asociación del mismo nombre en la que se inserta la Escuela como su objetivo primario, y de cuyo espíritu se alimenta todo lo que ella genera y lo que de ella parte.

Asociación y Escuela forman un espacio de REFLEXION, ESTUDIO Y DEBATE permanente.

EFETA • Apartado de Correos 19021 41018 Sevilla (España) • 678 599 485 • secretaria@efeta.org