EFETA
Escuela Feminista de Teología de Andalucía
Umbrales
Textos
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Lo erótico como poder
Audre Lorde
Lo erótico es un recurso dentro de cada una de nosotras que descansa en un nivel profundamente femenino y espiritual, firmemente enraizado en el poder de sentimientos no expresados o no reconocidos. Para perpetuarse, toda opresión debe corromper o distorsionar las fuentes de poder, en el interior de la cultura del oprimido, que puedan proporcionar energía para el cambio. Para nosotras, esto ha significado una supresión de lo erótico como fuente de poder y conocimiento en el interior de nuestras vidas.
Se nos ha enseñado a desconfiar de este recurso, que ha sido envilecido y devaluado en la sociedad occidental. Por un lado, lo superficialmente erótico ha sido difundido como signo de inferioridad femenina; por otro, a las mujeres se les ha hecho sufrir y sentirse despreciables y sospechosas en virtud de la experiencia de lo erótico. De ahí hay sólo un paso a la falsa creencia de que solamente por la supresión de lo erótico dentro de nuestras vidas y de nuestras conciencias las mujeres podemos ser realmente fuertes. Como mujeres, hemos llegado a desconfiar de ese poder que surge de nuestro más profundo e irracional conocimiento. Pero lo erótico ofrece un pozo de fuerza para la mujer que no teme su revelación.
Texto completo en:
El Harén en Occidente.
Fatema Mernissi
LA SHEREZADE MUSULMANA, O EL CEREBRO COMO ARMA ERÓTICA MÁS PODEROSA DE UNA MUJER
Sherezade es el nombre persa de la joven recién casada que narra los cuentos de Las mil y una noches. Son cuentos de orígenes diversos: indios, persas y árabes. Los cuentos, símbolo del genio islámico como experiencia de pluralidad, abarcan el territorio comprendido desde Malí y Marruecos, en la costa atlántica del norte de África, hasta India, Mongolia y China. Cuando uno se adentra en estas fábulas empieza a recorrer un universo musulmán que hace caso omiso de las fronteras que separan culturas distantes y muy diferentes entre sí. Por ejemplo, en los cuentos los persas hablan árabe y aparecen como gobernantes que no comparten la herencia cultural de su nación. Sherezade es la unión de dos vocablos persas: Tchihr (a) y zad, que unidos significan «nacida en la aristocracia». Por el nombre de su esposo sabemos que es un persa, igual que ella: Sahriyar es la contracción de las palabras shahr y dai’, que unidas significan «Señor del reino». Sin embargo, en la intimidad de la alcoba Sherezade no habla persa con su esposo, que se enorgullece de ser descendiente de la dinastía sasánida. Por el contrario, emplea el árabe. Y aun siendo persa, Sahriyar «dominaba las islas de India y China». Sin embargo, estas maneras cosmopolitas, esta capacidad de trascender las fronteras culturales, intensifican la diferencia existente entre los sexos y la convierte en un abismo imposible de cruzar. Los cuentos de Sherezade ponen de manifiesto la guerra sangrienta que libran hombres y mujeres.
Las «mil y una noches» comienzan con un episodio trágico de adulterio y crimen vengativo, pero acaban siendo una compilación de cuentos gracias a la capacidad intelectual de Sherezade, que sabe leer los pensamientos de su esposo. Al comienzo Sah Zamán, el hermano menor de Sahriyar y feliz rey de «la tierra de Samarcanda», «entró en su alcázar y encontró a su esposa durmiendo en el lecho conyugal, abrazada a un esclavo negro». Después de matar a la esposa adúltera y al esclavo Sah Zamán decide ausentarse de su reino una temporada, con la esperanza de curarse de la afrenta alejándose de la escena del crimen. Así pues, emprende el camino para ir a visitar a su hermano Sahriyar.
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